El vagabundo
El ángel más absurdo; si vive es por el olvido
encontró una sombra errante que se
asemeja a un hombre verdadero
un alma inmensa para el que ya no tiene fuerza
esperando ese día que no llegara.
El ángel más absurdo; si vive es por el olvido
encontró una sombra errante que se
asemeja a un hombre verdadero
un alma inmensa para el que ya no tiene fuerza
esperando ese día que no llegara.
La patria sea desplegada por las calles
convirtiéndose en llanuras como la tierra de Eldorado
La confusión de Dios o la flor de imperfección y el fracaso
son culpables de llanto sangriento y ardiente de su vida.
convirtiéndose en llanuras como la tierra de Eldorado
La confusión de Dios o la flor de imperfección y el fracaso
son culpables de llanto sangriento y ardiente de su vida.
Que se encontrará en cada cana, en cada muleta desgastada
Un sueño derramado resignado a morir con una maldición
espantosamente serena, digo estas palabras con la rutilante
luz de cada mañana que se asoma con féretros, horror
de nuestros días.
Un sueño derramado resignado a morir con una maldición
espantosamente serena, digo estas palabras con la rutilante
luz de cada mañana que se asoma con féretros, horror
de nuestros días.
Arrugas infernales en sus manos
que reposan bajo el cielo
que abre el infierno como el sueño
se atraganta en su garganta, sin dejarlo respirar
grato es vivir en la noche, mirando el claro circulo
después de cerrar sus ojos para dormir, el descanso reside
Allí inundado de sangre.
que reposan bajo el cielo
que abre el infierno como el sueño
se atraganta en su garganta, sin dejarlo respirar
grato es vivir en la noche, mirando el claro circulo
después de cerrar sus ojos para dormir, el descanso reside
Allí inundado de sangre.
Sus lágrimas se frisan por el rayo de sol
el no morirá de rabia, sino de tristeza
Sentirá el aire del olvido en su piel
Nada ha muerto para él, solo falleció su vida,
esa misma vida, que se despierta en cada amanecer.
el no morirá de rabia, sino de tristeza
Sentirá el aire del olvido en su piel
Nada ha muerto para él, solo falleció su vida,
esa misma vida, que se despierta en cada amanecer.
Autor: Carlos Ochoa
